Lo bonito del Colombino y jugar contra el Recre

Hoy en día somos muchos los que siempre nos quejamos, con mayor o menor razón, sobre la cantidad de cosas malas que el fútbol moderno trae. Entre todas ellas, hacemos especial hincapié en cómo poco a poco se va perdiendo una identidad propia para abrazar un estándar global. Desde camisetas de colores llamativos hasta ver como todos los estadios parecen hechos con el mismo molde. Asumiendo así el paradigma de estos tiempos, pudiéramos pensar que, ante esto, solo tendríamos la posibilidad de responder con el pataleo y la queja, pero creo que hay un punto más: la actuación individual. Porque el movimiento siempre se demostrará andando. 

Y con ese movimiento sé que más pronto que tarde me compraré la segunda equipación de mi club este año, porque es lo que siempre soñé en una camiseta del Betis. Me ilusiona ver a mi equipo jugar de verde cuando somos visitantes y con los palios de las Esperanzas que custodian sendas orillas del río que dio nombre a la tierra Bética. Y uso la ya famosa camiseta para ilustrar que, una ilusión personal, hace que una prenda se convierta en un símbolo de lo que es mi equipo y mi ciudad, al igual que es una ilusión personal la que me hace transcender más allá de un juego con el partido de este miércoles.

Porque, además de volver a ver al Betis en directo tras dos largos, larguísimos meses, y tener la inmensa fortuna de vivir el partido con quién voy a vivirlo y volver a pisar un estadio que tantos recuerdos me trae, más allá de todo eso, jugamos nada más y nada menos que contra el Real Club Recreativo de Huelva. Y nada más y nada menos que el Trofeo Colombino.

Era un 4 de enero de 1910, hace ya 116 años cuando el Betis, Sevilla Balompié por aquel entonces, salía por primera vez de la capital del mundo para jugar a este bendito deporte. Por primera vez se veían las caras dos rivales (dentro del terreno de juego, pero no fuera), por primera vez rendíamos visita al abuelo, al Decano del fútbol español. Porque para que hoy el país entero celebre con entusiasmo una segunda estrella en el pecho, fueron necesarios unos pioneros en el sur de España. Porque para que nosotros, los béticos, este año podamos medirnos las caras con los más grandes rivales en la Champions League, fue necesario que estos señores marcaran el camino. 

Nos medimos a una entidad que ha estado presente en 3 siglos diferentes. Y lo han estado de verdad, sin inventos ni historias para no dormir, propias de ensoñaciones y enajenaciones mentales de “gente con mala leche, gente muy chunga” que decía la sevillana. 

Nos volvemos a ver las caras Recre y Betis en un partido que se ha visto en todo tipo de categorías y circunstancias. El Decano es de los pocos clubes a los que nos hemos medido en competiciones regionales, en Tercera, en Segunda, en Primera y en Copa. Su historia y la nuestra están ligadas. Tal vez por eso nos invitaron a jugar el trofeo de sus 125 años y tal vez por eso no dudamos nunca en ir a aquel amistoso hace 10 años para ayudarles cuando les venían mal dadas en lo económico. Y, como gesto de agradecimiento, ellos no dudaron en ponerse una raya verdiblanca en su camiseta. Cómo no emocionarse con eso.

Y para más emoción, además de volver a ver a tanta gente buena de Huelva y a su equipo, lo hacemos en uno de los trofeos de veranos más importante del país y por ende del mundo. Con esa copa en forma de barco que no había niño que no se fascinara al descubrirla. Esa carabela de plata que hemos alzado ya en cinco ocasiones, y que de hacerlo una sexta nos elevaría junto con el Atlético de Madrid como el club con más galardones (anfitrión aparte por supuesto).

Y sí, como de ilusiones se vive yo le pongo mucha ilusión a este trofeo, porque sí, es cierto que no son lo que eran, pero dejen a los románticos creer una ilusión durante 90 minutos. Por 90 minutos recordemos el 5-0 al Bayern de Múnich campeón de Europa que te contaba tu abuelo. Déjennos que nos digamos que, si empatamos 1-1 contra el Manchester City en 1976, por qué no íbamos a hacerlo este año en la Copa de Europa. Por 90 minutos déjaenme que recuerde rivales, déjenme que traiga a la memoria colectiva verdiblanca al América, al Stal Mielec, a la Associação Portuguesa de Desportos, al CSKA de Moscú o al Partizan de Belgrado. Por 90 minutos déjenme ser ese niño que se tragó una eterna tanda de penaltis por Canal Sur en 2004 en un tercer y cuarto puesto contra la Real Sociedad. Ese niño que se volvió loco de alegría con el 2-4 al Zaragoza en 2009 en un verano de absoluto plomo tras el descenso ante el Valladolid. Y sí, si perdemos por goleada como aquel 5-1 que el Recre nos metió en 2004 con el que nos mandaba a aquel choque contra los donostiarras, déjenme creer durante 90 minutos y durante lo que duren las cervezas del post, que esa goleada en contra es una señal divina de que la cuarta Copa del Rey viene en este curso, sin necesidad de que tengamos que mandar con San Pedro al Santo Padre.

En definitiva, damas y caballeros, disfruten. Que un pedazo de historia romántica está por escribirse este miércoles en el Nuevo Colombino y allí estaremos para vivirla.

Viva el Real Betis Balompié y los béticos (que es lo mismo) y larga vida tenga el Real Club Recreativo de Huelva y su bendito Colombino.

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