Betis Bohemio

Betis, Salamanca y pertenencia

Por José Peral / @joseperal17

El 13 de junio se cumplirán nada más y nada menos que doce años de aquel famoso partido entre la ya extinta Unión Deportiva Salamanca y nuestro Real Betis Balompié. No creo que se pueda escribir mucho sobre aquel partido, pues ya está todo escrito; además, tampoco tengo la valentía, pues en esa época solo tenía nueve años y de aquella temporada recuerdo muy poquitas cosas, como aquel penalti que Mehmet Aurelio decidió mandar a las afueras de la provincia de Tarragona una buena tarde de fútbol en el campo Nástic.

Como todo el mundo sabe, ese partido lo acabó empatando a uno nuestro equipo y los nada más y nada menos que 7000 aficionados béticos se fueron de vuelta a casa con la certeza de que estaríamos un año más en Segunda. Y como he empezado diciendo, no vengo a escribiros sobre ese partido, sino sobre lo valioso e imprescindible que es ser conscientes de dónde venimos y, con los éxitos recientes que está teniendo el equipo, echar la vista atrás y hacer algo de memoria.

Y es que, en esa época tanto el Betis como el Salamanca se encontraban en una situación muy diferente en lo deportivo (nosotros luchábamos por ascender y ellos por mantener la categoría, y sí, lo consiguieron con Jorge D ́Alessandro, sus cojones). Pero la situación económica era muy parecida y ambos equipos empezaban a codearse con un término que, aunque yo con mis 9 años pensaba que se trataba de algo bueno, pues qué concurso va a ser malo, tanto asustaba: el concurso de acreedores.

Sin querer entrar en polémica sobre anteriores dirigentes y cómo se quedó la situación en el club, la temporada siguiente conseguimos subir a Primera, lo que permitió sacar un poco la cabeza del pozo. Por otro lado, la UD acabaría descendiendo a 2oB. Tristemente, dos años más tarde, tras la ausencia de un inversor que se hiciera cargo de la deuda de la entidad y debido a la falta de acuerdo con los acreedores, el 18 de junio de 2013 se hizo oficial la disolución de un club con 90 años de historia que representaba ese fútbol romántico y bohemio que poco a poco quieren hacer desaparecer.

Pues quién me diría a mí, mientras veía la calva verdiblanca de Emaná en la Plaza Nueva, que unos añitos más tarde me marcharía a hacer tercero de carrera a la Universidad más antigua de España y que, aparte del frío que hace, iba a aprender, si ya no lo sabía, lo afortunado que éramos de una cosa tan sencilla cómo es tener la suerte de ser de un equipo de fútbol.

Y es que, cuando llegué a la ciudad, una de mis dudas era qué equipo tenía que animar, si el UD Salamanca C.F. O Unionistas de Salamanca (anda que me iba a preocupar de dónde estaba la Facultad, que por otro lado no he frecuentado mucho). Me intenté enterar de cuál era el mejor equipo para hacerse aficionado en calidad de cedido y, en vez de encontrarme con respuestas, la mayoría de los salmantinos con los que hablaba me solían responder, con tono de melancolía y resignación, algo así como: “bueno, del que te guste más, porque por mucho que ambos quieran ocupar o homenajear a la antigua UD, está ya no va a volver”.

 

Y es que la situación resulta muy complicada. Por un lado, tanto el estadio, como el nombre, la cantera y el escudo (de manera provisional, pues el tema sigue en los juzgados) fueron comprados por un empresario mexicano del que poco se sabe en la ciudad. Y aunque esté todo o casi todo lo necesario para llevar al club hacia delante, el Helmántico se cae a cachitos y el equipo en vez de renovarse parece que va cada vez más hacia el abismo. Por otro lado, Unionistas, que parece que mantiene una propuesta más interesante con el “fútbol popular” de los aficionados, ha tenido bastantes polémicas en la ciudad con lo que al fútbol base se refiere, ya que acapara un enorme porcentaje de dinero del Ayuntamiento de Salamanca, dejando a varios de los equipos míticos, como el Monterrey (decano de Salamanca al borde de la desaparición), en una situación muy precaria. En fin, la polémica está servida

Y aunque en lo deportivo haya cierta diferencia (Unionistas ha estado a un punto de meterse en los playoffs para ascender a Segunda, y la UD Salamanca acaba de descender a 3a RFEF), ambos clubes se pelean en los juzgados sobre los símbolos, la historia y la forma en la que quieren homenajear o continuar con la UD Salamanca. Pero lo cierto es que una ciudad de unos 150.000 habitantes se ha quedado huérfana de un sentimiento que, cómo no, ejercía un fuerte poder de cohesión en la ciudad.

Y ahora, para acabar, quisiera volver al principio y reafirmarme más que nunca en que tenemos el privilegio de vivir una época de prosperidad con un futuro que parece prometedor, pero creo que debemos pensar que hace unos doce años, salvando ciertas distancias, nuestra situación no era muy diferente a la que por aquel entonces vivía la UD Salamanca. Y que, quizás, sin la llegada ese año de Rubén Castro, Jorge Molina y Pepe Mel, la continuidad de Emaná y la confluencia de otros muchos otros factores, no se hubiera conseguido el ascenso a Primera División. Y con la situación que atravesábamos, probablemente otro gallo habría cantado.

Pues con todo esto, el futuro del club parece ambicioso y, tras una de las mejores temporadas de nuestra historia, hay seguir adelante, escalando peldaños y llevando a nuestro equipo al lugar que se merece. Pero sin perder nunca de vista el privilegio que es, ante todo, con victorias, derrotas o empates, el sencillo e importante hecho de poder ser de un equipo de fútbol, y que este sea el Real Betis Balompié

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